¿DE QUÉ TIENES HAMBRE?

Seguramente al leer el título del post te ha venido de inmediato la respuesta: “Uf, pues ahora me comería unos dónuts de chocolate” o “¡Me comería una buena pizza!”.

Pensar en comida es normal. De hecho, pasamos muchas horas del día pensando en comida o hablando de comida. Nuestra vida social gira entorno al hecho de comer: quedamos para tomar un café con las amigas, tenemos una comida de trabajo o preparamos una cena especial para la familia.

Sin embargo, cuando pensamos en comida, solemos hacerlo desde una perspectiva errónea, muy anclada a cumplir deseos, a satisfacer necesidades emocionales y dirigida a complacer los cánones que establece la sociedad.

Cuando comemos porque tenemos hambre (fisiológico) estamos hablando de hambre real, de ese hambre que nos permite nutrir a nuestro organismo para siga trabajando, para que siga cumpliendo con todas sus funciones y nos permita seguir vivos y realizando nuestras actividades diarias.

Pero existe también otro tipo de hambre, el hambre emocional, una hambre que poco tiene que ver con nuestras necesidades fisiológicas pero mucho que ver con nuestras necesidades emocionales. Suele ser difícil de controlar y despierta en nosotros sentimientos de culpa y tristeza. Si no aprendemos a regular el hambre emocional podemos llegar a padecer algún tipo de trastorno alimentario. Por eso, es muy importante que tomes conciencia y que aprendas a manejarla para que no te maneje ella a ti.

¿Cómo podemos distinguir el hambre real del hambre emocional?

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Distinguir el hambre emocional del hambre real puede ser difícil, sobre todo porque debemos saber reconocer cómo nos sentimos y usar algunos recursos que nos ayuden a frenar nuestros deseos para satisfacer nuestras necesidades emocionales.

Identificar nuestras emociones significa tomar conciencia del momento presente, entender por qué me siento cómo me siento y aceptarlo. Desde luego, no es una tarea sencilla porque necesitamos hacer un trabajo de introspección.

Hay momentos en que nos podemos sentir desbordados por diversas situaciones: una discusión con la pareja, problemas en el trabajo, dificultades económicas, etc., y sentimos la necesidad de consolarnos.

¿Te has pegado alguna vez un atracón de chocolate y después te has echado a llorar?

Ese es el sentimiento que produce el hambre emocional.

Nos culpabilizamos después de haber comido algo que no debíamos o sentimos que nos hemos fallado a nosotros mismos porque no hemos sabido gestionar nuestras emociones.

Cuando esto ocurre con frecuencia y decides “castigarte” por ello, es muy probable que sufras un trastorno alimentario. Es usual que las personas que recurren a la comida como vía de escape después decidan vomitar, realizar ejercicio de forma abusiva o restringir la ingesta de alimentos a lo largo del día. Este tipo de conductas deben ser reconducidas algunas veces por un profesional.

Sin embargo, si esto te ocurre cuando hay alguna situación puntual que sientes que se te escapa de las manos, hay técnicas y trucos que pueden ayudarte a identificar tus emociones y a tomar decisiones que vayan en favor de tu salud. Cuando sientas ira o tristeza o te invada una sensación de desamparo, para, respira e intenta escuchar a tu cuerpo. Intenta descifrar el mensaje que te está mandando e identifica las emociones que brotan de tu interior.

¿Cómo puedes gestionar esta situación de manera efectiva?

  • Intenta descubrir qué pensamientos han desencadenado la emoción que te lleva a comer de forma compulsiva. Antes de un atracón, hay siempre uno o varios pensamientos que lo han provocado. Por ejemplo: “me siento sola”, “no valgo para nada”, “nunca lo conseguiré”… 
  • Ten en casa siempre alimentos saludables y evita llenar los armarios de alimentos superfluos, como bollería, helados, “snacks” salados, etc., y llena tu nevera de fruta y verdura fresca. Los frutos secos crudos o tostados también te ayudarán a saciarte.
  • Usa un diario personal para describir tu estado de ánimo y emociones. A veces, cuando escribimos nuestros sentimientos en un papel podemos distanciarnos de los problemas y verlos con perspectiva. Eso nos ayuda a tomar decisiones. 
  • Cuando sientas un impulso por comer intenta distraer tu mente con otras actividades. Te recomiendo que practiques deporte y que medites. La meditación es una herramienta muy potente para aprender a gestionar nuestras emociones y calmar la mente. 
  • Mantente siempre hidratada. Bebe agua e infusiones durante el día. A veces, la ansiedad por comer esconde deshidratación. Asegúrate de tomar suficientes líquidos. Las infusiones con plantas relajantes como la tila, la pasiflora y la lavanda te serán de gran ayuda. 
  • A la hora de comer, practica el “mindful eating“. Siéntate en la mesa, apaga aparatos electrónicos y céntrate en la comida y el acto de comer. Mastica bien los alimentos, usa los 5 sentidos para disfrutar del momento y si sientes mucha ansiedad, cada vez que introduzcas alimentos en tu boca, deja los cubiertos en la mesa. Relájate y disfruta del momento.

 

Comer es un placer. No nos debe hacer sentir culpables ni provocar en nosotras emociones negativas. Nutre tu cuerpo para ser la mejor versión de ti misma. Elige alimentos nutritivos, que te sienten bien, que te hagan sentir llena de energía.

Tú sabes mejor que nadie lo que te conviene y tienes la capacidad de tomar las decisiones acertadas para alcanzar la felicidad.

Si no te amas total, entera y plenamente, es porque en algún momento aprendiste a no amarte. Pero puedes desaprenderlo. Empieza a ser amable contigo ahora mismo.

Louise Hay.

¿Sufres ansiedad por la comida? ¿Sueles culpabilizarte por las situaciones que vives a tu alrededor? ¿No sabes cómo gestionar tu hambre emocional? Escríbenos a hola@mesquelletuga.com y te echaremos una mano.

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Showing 3 comments
  • Fabiola Rodriguez
    Respon

    Yo descubrí que soy propensa al hambre emocional después de caer en una pequeña depresión provocada por algunas circunstancias difíciles. Me llevó meses reunir la fuerza para hacer algo al respecto. Existe la creencia de que si el cuerpo nos pide algo dulce o frito o salado, es porque nos hace falta y eso no es cierto. El cuerpo no necesita comida chatarra ni nos la pide. La realidad es que casi todos somos adictos al azúcar o a la comida chatarra y por eso no podemos dejar de comerla. Excelente artículo, me encantó.

    • Mes que lletuga
      Respon

      Hola Fabiola,

      Gracias por tu comentario. La verdad es que es un tema muy delicado y la publicidad y los supermercados no ayudan a tomar buenas decisiones. Lo más importante es que seamos consumidores críticos, que tengamos una opinión formada y que aprendamos de nuevo a construir un estilo de vida saludable omitiendo todas estas falsas creencias.

      La adicción al azúcar es uno de los principales problemas de salud mundiales. Tendremos que ponerle freno como sea.

      Muchas gracias por tus palabras y un fuerte abrazo.

    • Mes que lletuga
      Respon

      Gracias por tu comentario, Fabiola,

      Efectivamente nos hemos creado falsas necesidades y, por desgracia, la publicidad juega un papel principal en este tema.

      Vivimos rodeados de alimentos, de abundancia y, sin embargo, comemos mal y nos sentimos peor.

      Debemos volver a conectar con nuestra esencia, aprender a escucharnos y, sobre todo, a amarnos. Es el único camino para que nos cuidemos de verdad.

      Un abrazo bien grande y mucho ánimo para seguir adelante, valiente.

      Para cualquier cosita, escríbeme a hola@mesquelletuga.com y si te puedo echar una mano, estaré encantada

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